Héroes de Barro

27 diciembre 2006

Justificación de los ídolos deportivos

Hay que tener en cuenta que los mitos sociales siempre existieron, todas las civilizaciones han expresado sus ansias y o sus creencias en mitos, resaltando una serie de valores nobles y culturales que debían ser transmitidos de generación en generación; sostenían verdades incuestionables, indudables, que servían para configurar los valores y creencias de una sociedad en una época concreta, Los griegos divinizaban a los triunfadores de los Juegos Olímpicos porque su función social era muy semejante a la de los dioses y los sacerdotes: sustituían y comprometían al público hacia la Plenitud, la Omnipresencia, y la Verdad. (Vázquez M, 1972).

Servía de esparcimiento del público y medio de control del mismo. Llevaban las emociones, creencias e ilusiones del pueblo. Algo parecido sucede ahora con los ídolos deportivos, en una sociedad carente de valores espirituales. Frente a las crisis de valores, los ídolos deportivos se convierten en guías espirituales; a través del ídolo, intentamos compensar nuestras carencias. Antes buscábamos nuestra razón de ser en la realidad histórica que nos tocaba vivir, pero ahora viviendo en una sociedad moderna, aparentemente estable, la espiritualidad y la esencia del hombre han pasado a un segundo plano.

Los mitos deportivos representan los hombres que más se acercan a los “dioses” que nunca hemos podido alcanzar en la realidad. Pero, “¿No paga el propio campeón más de los debido por su extraña complicidad con los dioses? Imagen de plenitud, de la casi perfección de la naturaleza humana…” (Barreau, J, y Morne, J, 1991:184). Los hombres crean los ídolos deportivos porque necesitan tener una creencia, una fe, una esperanza, entregar el corazón a algo o a alguien que nos hace sentirnos más seguros de nosotros mismos y nos da fuerza para seguir adelante. El conocido ideal olímpico (citus, altius, fortius), más lejos, más alto y más fuerte, hace que no haga falta ser un superhombre para ser considerado un mito deportivo, sino tener cierta singularidad y pertenecer al ámbito adecuado. Cada vez más, el deportista deja de ser un hombre en lucha contra sus limitaciones físicas y convertirse en un siervo de las reacciones de las masas.

Primero se crea al héroe deportivo en base a toda una serie de méritos deportivos, pero se mitifica y se globaliza por el fenómeno de mass-media. El ídolo deportivo ha de tener no sólo habilidades técnicas sino también psicológicas, tales como plasticidad, madurez emocional, carisma que le haga resaltar frente al resto. (Anónimo a) Pero, claro, la influencia de los medios de comunicación, la política imperante, el poder económico tiene mucho que ver en la formación de estos ídolos deportivos. Cuando el público deje de enloquecer por la cotidianeidad de sus ídolos, las campañas publicitarias no tardarán en presentarnos un nuevo santo y sus milagros.

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