Origen de los mitos sociales
El hombre es un ser social, y como tal va a tener que satisfacer unas necesidades individuales y sociales, para alcanzar una armonía en su vida. Esas necesidades rompen el estado de equilibrio del organismo y produce un clima de tensión, insatisfacción, inconformismo, que lleva al hombre a desarrollar un determinado comportamiento o acción. De esa forma a partir de una determinada necesidad, se inicia un ciclo motivacional para eliminar la tensión y recuperar el equilibrio. La teoría de Maslow sobre la motivación, clasificó las necesidades humanas en cinco niveles: fisiológicas, de seguridad, sociales, de estimación y de autorrealización... Cubiertas las necesidades fisiológicas, son las necesidades de estima, de creer en algo que les de seguridad, de pertenencia y reconocimiento social, las que se convierten en el motor de la conducta humana. (Maslow A, 1991)
Vivimos en una sociedad moderna llena de valores físicos que cumplen con nuestras necesidades materiales. Sin embargo, los valores simbólicos o morales que emanan de la naturaleza del ser humano, y que hablan de sus posibilidades y potencialidades están en crisis. Lo importante es tener, dejando al lado el valor del ser. El predominio de la actividad cerebral y el poco desarrollo de las emociones, pone en auge los “valores de mercado”, lo cual no distingue entre lo categóricamente bueno o malo, ni entre lo justo o lo injusto. Se da así una profunda crisis de valores éticos, y una gran desorientación moral que deja al hombre perdido en medio de un mundo rutinario, sin saber qué debe hacer y qué le gustaría hacer. (Cou C, 2004)
Vivimos en una sociedad moderna llena de valores físicos que cumplen con nuestras necesidades materiales. Sin embargo, los valores simbólicos o morales que emanan de la naturaleza del ser humano, y que hablan de sus posibilidades y potencialidades están en crisis. Lo importante es tener, dejando al lado el valor del ser. El predominio de la actividad cerebral y el poco desarrollo de las emociones, pone en auge los “valores de mercado”, lo cual no distingue entre lo categóricamente bueno o malo, ni entre lo justo o lo injusto. Se da así una profunda crisis de valores éticos, y una gran desorientación moral que deja al hombre perdido en medio de un mundo rutinario, sin saber qué debe hacer y qué le gustaría hacer. (Cou C, 2004)

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